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	<title>Íñigo Ramírez de Haro &#187; Instituto Cervantes</title>
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		<title>¿por qué las autoridades culturales odian tanto el teatro español contemporáneo?</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Mar 2011 16:38:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>masmedios_ny</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Instituto Cervantes]]></category>
		<category><![CDATA[teatro espaÃ±ol]]></category>

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		<description><![CDATA[Me pide la AAT que indague sobre la promoción del teatro español en el extranjero. No ha sido tarea fácil encontrar la información y una vez encontrada, vais a alucinar. Por aquello de que hablamos del extranjero me dirigí al Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Cooperación, donde al parecer hay dos instituciones que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me pide la AAT que indague sobre la promoción del teatro español en el extranjero. No ha sido tarea fácil encontrar la información y una vez encontrada, vais a alucinar.<br />
Por aquello de que hablamos del extranjero me dirigí al Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Cooperación, donde al parecer hay dos instituciones que se encargarían de promocionar la cultura española, y por lo tanto pensaba yo, el teatro, fuera de España: La Agencia Española de Cooperación, AECI, y el Instituto Cervantes.</p>
<p>Muy amablemente me cedieron el último material impreso del que disponen: Empecé por la “Memoria de actividades 2004 de la Dirección General de Relaciones Culturales y Científicas”, donde se pueden rastrear todos los actos culturales promocionados en los países donde España tiene Embajadas por el mundo y en los Centros de la AECI en Iberoamérica: en total 99 oficinas dedicadas a exportar cultura española en sus diferentes ámbitos, cifra que me resultó muy prometedora para todos los autores.<br />
Cuando me adentré en  la ardua tarea de reseñar país por país todas las actividades teatrales promocionadas, comprendí al poco tiempo que terminaría enseguida: de las 99 citadas, en 76 no hay ninguna referencia a actividad teatral de cualquier índole. De las 23 restantes, la mayoría no pasa de un acto anual con alguna cercanía con el teatro: títeres, marionetas, clásicos (y cómo no el Quijote), lecturas dramatizadas, talleres o algún festival local. Lo que es promoción de obras de teatro español contemporáneo con autor vivo encontramos fuera de la zona hispana, uno sólo: Rodrigo García en la República Eslovaca.</p>
<p>Me armé de valor y pensé que en definitiva en el mundo se hablan lenguas muy raras y como el teatro español está escrito en español, u otras lenguas peninsulares, todo sería distinto para nuestros dramaturgos en los países de habla española con el refuerzo de los Centros de la AECI en casi todos ellos. Veamos: de los 18 reseñados, ya de entrada 8, entre los que se incluye por ejemplo México, tampoco hacen mención alguna al teatro; de los 10 restantes, Chile, Colombia, Venezuela y Bolivia aparecen con un apoyo a un festival; Argentina con un ciclo de obras breves y un concurso; y los otros con un taller, una lectura dramatizada o un clásico. ¡Todo eso en 1 año! ¡Todo eso en países donde no hay que traducir!</p>
<p>Llegados a este punto, me convencí a mí mismo: “tranquilo que todavía quedan los Institutos Cervantes de tanta solera en los medios de comunicación”. Me encaminé a la Sede Central y a través de un viejo amigo conseguí la documentación más reciente: Las “Memorias” de sus Centros de los años 2004 y 2005. Con la ilusión renovada me puse a examinar los 41 Institutos por el mundo. Ya os podéis imaginar que no duró mucho la alegría: en 21 no se había programado nada ni en el 2004 ni en el 2005; en 17 se cita como mucho una actividad teatral tipo marionetas, el Quijote o un clásico, una clase magistral, un taller o un festival. Los únicos nombres de dramaturgos vivos con algún tipo de apoyo, y no necesariamente con espectáculo,  son: Arrabal (Moscú), Belbel (Varsovia), Benet i Jornet (Nueva York), Boadella (Varsovia) y Rodrigo García (Lisboa). ¡Todo eso en 2 años!</p>
<p>La verdad es que no andaba yo muy esperanzado con el Instituto Cervantes a tenor de la experiencia que tuvimos en la AAT con su  Centro en Tel Aviv cuando quisimos impulsar la entrada de autores españoles en Israel con la ayuda de uno de los dramaturgos locales, Motti Lerner, de la Asociación de Autores de ahí, que habíamos invitado al Salón del Libro de Teatro. Cuando Motti Lerner telefoneó al Instituto Cervantes para proponerle hacer lo mismo que habían hecho el año anterior con los franceses, recibió la siguiente respuesta que no puedo dejar de traducir:</p>
<p>“Queridos Íñigo y Santiago,<br />
He tenido una conversación preocupante con la directora de Eventos Culturales del Instituto Cervantes. Le expliqué en detalle cómo se podrían presentar 5 obras españolas al público israelí y aún más- a los directores de los teatros israelíes- y la respuesta que obtuve fue ‘¿Para qué?’- Casi se me cae el teléfono. ¿Esta gente está para promover la Cultura Española? ¿No? No sé qué decir- esto es algo que tenéis que explorar en Madrid. Espero que podamos continuar este diálogo a pesar del Instituto Cervantes. Saludos, Motti”</p>
<p>Sin comentarios. Mandamos el correo-e al Director del Instituto Cervantes y por supuesto con las instituciones, la callada por respuesta. Y luego dirán que somos molestos.</p>
<p>Como realmente los autores de teatro españoles estamos ya muy currados a estas alturas y nos agarramos a cualquier clavo ardiente, recordé que el teatro, dicen, forma parte de lo que se llama “cultura”, y pensé que tal vez el Ministerio del ramo sí sería el encargado de promocionar el teatro español en el extranjero. Me planté en su Sede y gracias de nuevo a viejas relaciones conseguí lo más reciente impreso sobre el tema que nos reúne: “Acción cultural en el exterior. 2000-2004”, que al no mencionar nada del año 2004 prefiero dejarlo para los arqueólogos; “Previsiones de las Unidades del INAEM relacionadas con giras al extranjero. 2005”, con la peculiaridad de no tener ninguna obra de teatro de autor vivo español; y “Previsiones de las Unidades del INAEM relacionadas con giras al extranjero. 2006”, que iguala la proeza del año anterior y tampoco menciona obra alguna salvo, por supuesto, las giras del CDN y de la CNTC, con obras todas de autores extranjeros o de españoles muertos hace siglos.</p>
<p>Ahora ya sí me empecé a deprimir. Decidí no buscar más y me puse muy seriamente a indagar qué posibilidades tendría de cambiar de nacionalidad porque:<br />
1.	En España está claro que nuestras autoridades, cómo hemos visto ya sean del PSOE ya sean del PP, odian el teatro en general y demuestran tener especial inquina al teatro español de autor vivo. A veces me pregunto si tanto odio vendrá de cuando eran pequeños y les obligaron en el colegio a asistir a una obra de teatro educativo o de la Compañía de teatro clásico y claro, juraron no volver a pisar nunca más un teatro. O es que escuchan a algunos de nuestros directores-estrella cuando aseguran que los autores vivos españoles actuales somos todos muy malos.<br />
2.	Cuando comparo la acción teatral en el extranjero que hace España con la de nuestros países vecinos, véase Francia, no es que éstos tengan una actividad doble o triple o cuádruple con respecto a la nuestra, como correspondería según los PNBs, sino que por ejemplo en un país como la República Democrática del Congo, donde dirigí recientemente una obra, el presupuesto francés es de 60 veces mayor. Siempre se puede argüir que claro, África, que el francés, que… Muy bien: comparemos nuestra zona “natural” de Iberoamérica con la misma lengua, cercanía mental, ausencia de gastos de traducción, etc. Señoras y señores: Francia, Alemania, Gran Bretaña…, hasta Canadá o Australia tienen una presencia teatral muy superior.<br />
3.	¡He aquí el problema! Bueno, unos de los problemas. No es ya sólo que las cifras destinadas al teatro, a la cultura, son irrisorias para la flamante 9ª potencia industrial mundial, como no se cansa de repetir la retórica oficial de un gobierno tras otro…, sino que ni siquiera hay, a diferencia de nuestros vecinos, un programa cultural de mínimos en cada sector que se defina en la Oficinas Centrales y que obligue a su cumplimiento en todos los Centros del extranjero con eficacia y resultados palpables. No, en España, el pavor a cualquier centralismo significa en la práctica que los Centros Culturales españoles se rigen según los caprichos de sus equipos directivos. Y así, lógicamente, se termina siempre privilegiando el cine, la novela, a veces, la poesía (si le da a alguno por cultivarla), y las artes plásticas. El resto pasa al cajón de los “varios”. Y si no me creen, comprueben la documentación mencionada.<br />
4.	Para colmo de males el concepto de “cultura” exterior ha sido absorbido por la Agencia Española de Cooperación, es decir, por el rótulo de “cooperación” con dos consecuencias nefastas: la “cooperación cultural” es la prima pobre de las otras formas de cooperación, por lo que entonces se le recortan al máximo los presupuestos; y, lo que es aún peor, la idea misma de “promoción de la cultura española” se hace sospechosamente “imperialista, colonialista, egoísta, antigua”, con lo que muchos de nuestros funcionarios se sienten mucho más “solidarios” financiando con ese dinero proyectos digamos de un guatemalteco con un marroquí y semejantes. Por favor, comprueben nuestras autoridades culturales cómo nuestros vecinos europeos tienen muy claro que potenciar sus culturas en el exterior es una prioridad nacional al margen de sus políticas de cooperación.<br />
5.	Llegamos a la pregunta de fondo: ¿Para qué necesitamos los autores vivos nuestras instituciones culturales que pagamos con nuestro dinero, si éstos son los resultados? Ya vimos en otros artículos que la mayoría de los teatros públicos no sirven para mucho más que para financiar la carrera profesional de sus directores de turno. Ahora vemos que, salvo excepciones, las instituciones de promoción exterior están para poco más que para pagar la experiencia vital de unos años en el extranjero de sus directores de turno. ¡Y hacen muy bien! Ellos, los individuos, hacen muy bien en aprovecharse de las estructuras. Lo que estamos pidiendo, a gritos, es que por primera vez en España, se piense, se organice, se implemente una estructura que sí potencie el teatro español de los autores vivos al margen de los gustos, de las purezas y de los prejuicios de los individuos.</p>
<p>¿Y cómo? ¿Y dónde? Yo propongo que tal como están las cosas actualmente, se saque al teatro español del Ministerio de Cultura y se pase a cualquier otro: ¿A cuál? Al principio me decantaba por el de Sanidad y Consumo que mataría dos pájaros de un tiro: mejoraría la salud mental de los teatreros y haría que tal vez se les consumiera más. Luego me atrajo el de Trabajo no sólo por su abolengo sino porque a lo mejor así tendríamos más trabajo los autores españoles.</p>
<p>Pero creo que finalmente me inclino por el de Industria porque al menos ha demostrado que en sus respectivos sectores tipo el calzado, el automóvil, la moda, la restauración…, se dedica a promocionar a los creadores españoles y no a americanos, europeos, japoneses o chinos, como hacen nuestros teatros públicos, y porque sí invierte mucho dinero en las Ferias internacionales y en la promoción del Comercio Exterior. Tal vez así el teatro español contemporáneo sería considerado una industria para proteger, potenciar, exportar…, y no “cultura” para rellenar la capacidad retórica de nuestras autoridades. En todo caso, peor no nos puede ir y en última instancia a los autores siempre nos quedaría el honroso papel de seguir haciendo de monos de feria.</p>
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