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	<title>Íñigo Ramírez de Haro &#187; EspaÃ±a</title>
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		<title>el hombre no tiende a la felicidad; sólo los ingleses se dedican a eso</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Mar 2011 17:51:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>masmedios_ny</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Si no quiere perder todavía a todos sus amigos no se le ocurra estrenar una comedia ja, ja, sobre nuestra sociedad española actual, como la que van a ver ahora aquí. Enseguida se consideran aludidos y con derecho a sentirse ofendidos. Y si encima se ríen, y a carcajadas, ¡ya no digamos: es el colmo! [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si no quiere perder todavía a todos sus amigos no se le ocurra estrenar una comedia ja, ja, sobre nuestra sociedad española actual, como la que van a ver ahora aquí. Enseguida se consideran aludidos y con derecho a sentirse ofendidos. Y si encima se ríen, y a carcajadas, ¡ya no digamos: es el colmo! No le perdonarán jamás que les haya hecho reír. ¿Pero qué se ha creído usted? ¡Hacerme reír a mí, qué falta de respeto! ¿Con quién se cree que está? ¡Yo soy una persona seria!</p>
<p>Porque de lo que se trata es de hacer llorar. ¡Faltaría más! ¡Seamos serios, por favor! ¡Que ya somos mayorcitos! ¿Pero usted no sabe que hay crisis, que ya no podemos tener fe ni en la banca, que se muere de hambre mucha gente, que el mundo es cada vez más injusto, que los ricos son más ricos y lo pobres más pobres, que el planeta se calienta y nos asamos, que desde que nos levantamos hasta que nos acostamos sufrimos con problemas de verdad como para andarnos con risitas?</p>
<p>Afortunadamente hoy, en España, tenemos a la mayoría de nuestros teatros públicos y comerciales para que no nos riamos y podamos sufrir, que sufrir da mucho gusto. Justamente estaba hace poco en el estreno de uno de estos teatros donde todo iba bien, nadie se reía, cuando de pronto, en una escena, se me escapó una pequeña carcajada. Fui inmediatamente recriminado con una lluvia de scchh y tuve que pedir perdón por no saber estar. </p>
<p>Hay que estarles muy agradecidos a estos guardianes de la moral porque en lugar de “curar a los ciudadanos de su miedo constante”, como le pedía Isócrates a Nicocles, se dedican a esa ingratísima labor de hacer un teatro de censura, de propaganda del poder-da igual el color político al que sirven-, de anestesia, copando la cartelera con el teatro de verdad, no como el que van a ver ahora aquí. Es decir, obras de autores clásicos y extranjeros con problemáticas lejanas en el tiempo o en la distancia, pero eso sí, “esenciales”, “eternas”, “metafóricas” y “simbólicas” para que nadie del público se sienta señalado y así podamos ir todos a cenar en paz y con la conciencia tranquila de pertenecer al rebaño del bien. ¡Gracias! Gracias por ese sacrificio. Alguien os lo pagará.</p>
<p>Y curiosamente ese teatro de verdad, el teatro de buenos y malos, vamos, el teatro serio, no como el que van a ver ahora aquí, se sirve del único género como Dios manda: la tragedia ay, ay. ¿Por qué está tan mal vista en España la comedia ja, ja, frente a la tragedia ay, ay, hasta el punto de que cualquier persona decente no duda de calificarla como subgénero inferior? Digo en España y digo mal: desde Aristófanes la comedia ja, ja, ha padecido dos condenas históricas: la de los monoteísmos y la de la filosofía., tan serios ellos con sus barbas, no como aquellos degenerados politeístas que, en palabras de Nietzsche, el mismo que el del encabezamiento, “a los dioses les gustan las burlas: parece que no pueden dejar de reír ni siquiera en las acciones sagradas”.</p>
<p>En un país como España donde derechas e izquierdas, religiosos y ateos, siguen siendo mayoritariamente monoteístas, no por la religión ya en declive, sino por la manera de pensar inmutable, la comedia ja, ja, sólo es aceptable, como sus partes bajas, espectador, por ese maldito regodeo de la naturaleza humana, ¡qué asco!, en lo pecaminoso, rastrero y diabólico.</p>
<p>Pero es que se da la curiosidad histórica que desde Aristófanes la comedia ja, ja, sólo florece en la democracia y es consustancial a ella, mientras que la tragedia ay, ay, ha sido el género preferido de las dictaduras dado que sus temáticas universales y distantes nunca han cuestionado al poder de turno sino que le han fortalecido. Resulta que le toca a la comedia ja, ja, como la que van a ver ahora aquí, entrar a saco en la realidad aplastantemente actual, particular, cotidiana y cercana para burla burlando sacar a la luz los trapos sucios sobre los que cualquier orden social está montado.¡Lo que nos faltaba!<br />
No si ahora va a resultar que una comedia ja, ja, como la que van a ver ahora aquí, no es un pasatiempo baladí, “el comercio burgués de estupefacientes”, como repetía Brecht, sino un iceberg en el que debajo de la carcajada visible hay siete capas de provocación, sátira, grito, incorrección, corrosión, rebelión y excelencia para decir que no: no nos tragamos más el orden establecido; no tenemos miedo; y vamos a ponerlo todo patas arriba. ¡Si lo sé no vengo, desde luego! ¡Socorro, devuélvanme el dinero, que esto se ha puesto muy serio! </p>
<p>¿Y si de repente ocurre que en una comedia ja, ja, como la que van a ver ahora aquí, no sólo se ríen sino que también lloran? ¡Ahí sí que la hemos…, eso! Porque desde Aristófanes, ¡qué pesado este Aristófanes!, en el buen teatro y en la vida misma aparecen inseparablemente unidos la comedia ja, ja, y la tragedia, ay, ay.<br />
¡Una última petición! Por favor, a la salida, aunque se hayan reído mucho, disimulen: digan a todo el mundo que ésta es una obra muy seria y muy profunda, que no han parado de llorar, no vaya a ser que en este país tan libre, tolerante y democrático se le ocurra a alguien venir a pegarnos. ¡Pero no, esas cosas no pasan en España!</p>
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		<title>a las autoridades teatrales con la autocensura debida</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Mar 2011 16:35:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>masmedios_ny</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[amiguetes]]></category>
		<category><![CDATA[autoridades]]></category>
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		<description><![CDATA[Queridas autoridades: Esto no es una crítica; esto no es una apología; esto no es una queja; esto es una reflexión personal. Ya sé que en un país católico como España (católico no por la religión- ya no llega ni al 30% los que se declaran practicantes- sino por la cultura y sus mecanismos psicológicos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Queridas autoridades: Esto no es una crítica; esto no es una apología; esto no es una queja; esto es una reflexión personal. Ya sé que en un país católico como España (católico no por la religión- ya no llega ni al 30% los que se declaran practicantes- sino por la cultura y sus mecanismos psicológicos que marcan por igual a creyentes y ateos, a conservadores y progresistas) intentar una reflexión es inhabitual. Aquí a las autoridades se las insulta o se las alaba, pero no se las piensa. Bueno, en realidad en los países católicos se piensa poco. ¿Para qué pensar si lo que se pretende es estar en posesión de la verdad? ¿Para qué pensar si en la tradición del monoteísmo dominante, el otro, el que no está de acuerdo con mi verdad, única, por supuesto, no es alguien como uno que afortunadamente piensa distinto, sino un sinvergüenza, un degenerado, un corrupto, un imbécil al que hay que suprimir como sea. Cuando vemos cómo se comportan nuestras derechas y nuestras izquierdas, ¡qué triste constatar que se abortara aquella otra tradición que hace más de dos mil trescientos años decía cosas como las que escribe Aristóteles en “Metafísica II”: “es justo que estemos agradecidos no sólo a aquellos cuyas opiniones podemos compartir, sino también a los que se han expresado más superficialmente. Pues también éstos contribuyeron con algo, ya que desarrollaron nuestra facultad de pensar”!</p>
<p>Perdón por este largo preámbulo pero ya habrán barruntado que me estoy tratando de cubrir en salud, es decir, de evitar las represalias con las que las autoridades públicas en los países católicos acostumbran a agasajarnos. Sólo por el hecho de mencionarlas pasas a la condición de sospechoso.</p>
<p>El caso es que llevamos ya año y pico desde el ansiado cambio en la gestión estatal del teatro, y más de dos en la Comunidad Autónoma y Ayuntamiento de Madrid, como para que podamos hacer una primera constatación general: por mucho que miro, estudio y me informo, el cambio en España, en Madrid, ha consistido principalmente, como ya viene siendo habitual, como en 1996, como en 1983…, en un cambio de amiguetes. No discuto que algunos amiguetes son más interesantes que otros; no discuto que la elección de los amiguetes tiene poco que ver con su  experiencia como gestor teatral; no discuto que los amiguetes tan pronto como degustan el salario mensual, le cogen cariño y tienden a perpetuarse en los cargos públicos sin hacer oposiciones; no discuto que los amiguetes suelen estar preocupados sobre todo en aprovechar el cargo para resolver su futuro, su carrera profesional; no discuto que mientras el sistema lo permita, los amiguetes hacen muy bien en aprovecharse… ¡No discuto tantas cosas! </p>
<p>Lo que sí discuto, lo que me sigo preguntando es si en España, si en Madrid, no habría otras posibilidades de cambio en el teatro público. A mí el problema no me parece muy complicado porque en España, en Madrid, en otras Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, después de tres décadas, y por lo que vemos, independientemente de la ideología que gobierne, sigue sin haber teatro público si por teatro público entendemos lo que hay en nuestros países vecinos de Europa y si hacemos caso de la retórica oficial cuando insiste en que somos la octava potencia económica mundial y una de las primeras culturalmente. Yo me temo que aquí, en España, en Madrid, hay otra cosa. Hay la ficción de que hay teatro público ya organizado y de que la función de las autoridades consiste simplemente en la gestión de las mil y un cosillas de cada día. O como me decía hace unas semanas una de nuestras flamantes autoridades cuando le preguntaba por un concepto: “Mira, estoy tan ocupado con la gestión que  no tengo tiempo para pensar”. Curiosamente esta misma frase la vengo escuchando desde hace años.</p>
<p>El resultado, lógicamente, es que nadie piensa, nadie ha pensado en España, en Madrid, desde hace tres décadas en que se consolidó el teatro público. Las autoridades se limitan a seguir costumbres. Por eso no les luce la gestión, queridas autoridades, porque el problema está en la base del sistema y por lo tanto está casi todo por hacer. Por eso no me parece nada complicado que haya un cambio real aparte del de los amiguetes. No hay más que por primera vez pararse a pensar, a crear, a organizar, a estructurar, a buscar recursos económicos, a promover un teatro público español (Estado) o local (Comunidades Autónomas y Ayuntamientos) que empiece delimitando conceptos tan elementales como: ¿Qué significa el adjetivo “público”? Si lo público se define, al igual que en otros sectores, como aquellos bienes sociales considerados necesarios en cada momento histórico que no quedan cubiertos por la iniciativa privada, ¿cómo es posible que ni los instrumentos públicos de gestión ni los programadores de los teatros públicos, salvo excepciones, no sigan los parámetros de la definición de “público”? ¿Cómo es posible que, como ahora, valga todo, se mezcle lo público y privado sin más criterio que el capricho de la autoridad de turno?</p>
<p>Pasemos al sustantivo “teatro”. Si el teatro llamado privado tiene sus propias características en relación con los cálculos de beneficio económico de los productores (y bienvenido sea que inviertan en teatro y no sólo en ladrillos y finanzas), por esa misma lógica, el teatro público tendrá unas cualidades distintas de innovación, de riesgo, de experimentación que interesa potenciar (nótese que la disyuntiva no es con “comercial” ya que todos los teatros son comerciales desde el momento en que cobran entrada). ¿Cómo es posible que ni los instrumentos públicos de gestión ni los programadores de los teatros públicos, salvo excepciones, reflejen esas diferencias del concepto “teatro”?</p>
<p>Sigamos con el otro adjetivo, “español” o “local”, según la Administración pública encargada. Si español o local abarca un conjunto definido de ciudadanía que financia a esas autoridades, ¿cómo es posible que éstas no utilicen sus recursos, sus instrumentos y sus teatros públicos en potenciar prioritariamente el teatro español o local? ¿Cómo es posible que año tras año los teatros públicos no programen a los autores españoles o locales, a la mayoría de los directores y actores españoles o locales? Es ciertamente inaudito y yo que he vivido más de un cuarto de mi vida fuera de España y conozco bien el teatro de París, Londres, Nueva York y Tokio, constato asombrado que la ausencia de españoles y locales en los teatros públicos españoles y locales sólo la he encontrado aquí. Y no se trata de unas cuotas.</p>
<p>Pero continuemos con la reflexión. Si para fomentar la creación teatral todos sabemos que se debe cubrir  todo el proceso de la formación inicial y la formación permanente para asegurar la excelencia, la producción, la programación en teatros, la promoción, la distribución, la circulación dentro y fuera de España o de la Comunidad Autónoma o Ayuntamiento, ¿cómo es posible que nuestro teatro público deje casi todas esas áreas sin cubrir y se limite básicamente a unas subvenciones a la producción bajo el criterio del “café para casi todos” con unas cantidades que como el perro del hortelano ni hacen ni dejan hacer teatro?</p>
<p>El teatro público español y local ha hecho dejación de sus funciones en sectores enteros. Veamos algunos. La formación: ¿ Se debe permitir que la formación pública esté al servicio de grupos de maestros en general mediocres y sin presencia en el teatro real que para mantenerse en sus salarios públicos impiden que el alumnado conozca a los grandes maestros españoles e internacionales no vaya a ser que con la competencia se les vea el plumero? O sea, una formación mediocre en contra del creador futuro.</p>
<p>Red de teatros: ¿Se debe permitir que la llamada red de teatros públicos programe sin ningún concepto público de los mencionados sino según los intereses y criterios particulares del director general, consejero, concejal o director de teatro de turno? ¿Se debe permitir que en la práctica lo público financia a una mafia distribuidora cerrada e  inamovible que programa por el conocido sistema del intercambio de cromos para maximizar el rendimiento de sus bolsillos y futuros burocráticos? ¿Qué queda del servicio público?</p>
<p>Promoción exterior: ¿Se debe permitir que después de tres décadas nadie se haya encargado de organizar la promoción sistemática, sólida y seria del teatro español en el extranjero, como hacen nuestros vecinos europeos, y que desde la aparición del concepto de “cooperación” se ha liquidado prácticamente la “cultura” española en el exterior? ¿Se debe permitir que hasta en la América de habla española (donde también he vivido) seamos la carcajada de nuestros vecinos europeos al ni siquiera ahí tener una política de promoción del teatro español con un mínimo de eficacia, presencia y permanencia considerando además el bajo coste que ésta supondría al compartir la lengua?&#8230;</p>
<p>Podría seguir con muchas otras preguntas pero no quiero abusar del tiempo de nuestras autoridades, siempre muy atareadas, porque creo que son suficientes para dejar más claro que el cambio en el teatro público español y local es relativamente sencillo ya que la ficción actual nos ha llevado a la situación incomodísima de haber generado lo peor de los dos modelos dominantes. Lo peor del modelo privado de por ejemplo el teatro anglosajón o la misma tradición española, ya que la apariencia de teatro público ha desincentivado, ha matado la iniciativa privada de riesgo y hoy hasta los productores privados compiten por las subvenciones; y lo peor del otro modelo de teatro público, el francés o el alemán, porque la versión cutre española de migajas de subvenciones, de migajas de presencia en los teatros públicos impide cualquier posibilidad de excelencia. Lo que sí reconozco como muy exitosa es la creación de una dependencia de lo público que ha instalado eficazmente la censura y la autocensura para acallar las críticas. No me parece exagerado definir al teatro público español o local como clientelista, cuando no claramente caciquil. Por ahí el amiguismo sí que empalma con una vieja tradición española decimonónica.              </p>
<p>Que nadie se llame a engaño, queridas autoridades, si muchos nos preguntamos por qué el teatro está inscrito en el Ministerio de Cultura y no en el de Industria. Yo veo que Industria sí promociona la industria española, tiene Institutos de Comercio Exterior, organiza ferias dentro y fuera de España, defiende la marca “made in Spain”, inyecta millones en promocionar sectores determinados, etc. ¿Por qué tenemos que estar en Cultura cuyos Ministerios, Conserjerías o Concejalías son siempre las más pobres de cada Administración? ¿Por qué nos castigan? ¿Será para que aprendamos de la retórica de nuestras autoridades en cada inauguración, retórica que me temo encima es muy deficiente si la comparamos con cualquier criterio clásico? ¿Qué aporta Cultura, que además nos mira permanentemente a los creadores con recelo y miedo?</p>
<p>Desde luego que la ficción de hacer como si hubiese teatro público, el conformismo de dar por supuesto que ya hay teatro público funcionando bien, la falta de definición y de límites, se agudiza cuando descendemos a los niveles autonómicos y municipales. Cojamos el caso del teatro público de Madrid. Estamos regidos por una Comunidad Autónoma que para decirlo de una manera fina, está simplemente desaparecida, nadie sabe lo que hace, si hace, salvo por las Festivales que afortunadamente el nuevo equipo decidió no replantearlos sino continuarlos; y por un Ayuntamiento cuya perla, el Teatro Español, nos resulta aleccionador de todo lo que vamos comentando. </p>
<p>Durante más de diez largos años el Teatro Español estuvo dirigido por una familia que sólo programaba autores españoles muertos, que muchos de ellos se sostendrían en teatros privados, que mantenía el teatro cerrado para la inmensa mayoría de los creadores y profesionales de Madrid, y que estéticamente adolecía de ese casticismo antiguo hoy ampliamente superado. De ahí hemos pasado a un teatro convertido en un Festival permanente a golpe de cheques con espectáculos de una o dos semanas en cartel. Con la programación delante, vemos que de esos espectáculos, muchos son contemporáneos extranjeros de calidad incuestionable; muchos son de la Comunidad Autónoma del director del teatro de una calidad no sólo cuestionable sino sospechosa de otros intereses; pocos son de otras Comunidades Autónomas, incluida la de Madrid, que es la que paga; alternan comediantes y espectáculos que habitualmente se encuentran en teatros privados por lo que la competencia pública es desleal e injusta… Y desde luego, antes y ahora, la ausencia completa de los autores vivos locales, que pagamos ese teatro, y  una presencia testimonial de directores y actores locales, que pagamos ese teatro. Ah, y en ambos casos sus autoridades justifican sus programaciones por la cantidad de público que acude. ¿O sea que finalmente por teatro público nos referimos al público? Pues nos sale carísimo.</p>
<p>Si la primera versión bajo la derecha conservadora podemos calificarla de despotismo casticista, la política actual bajo la derecha “progre”, ciertamente un poco más viajada, sería una renovación del despotismo ilustrado: todo para el pueblo pero sin el pueblo; todo para el teatro pero sin el teatro local… Y con unas autoridades, los déspotas no sé si muy ilustrados, que se viven como divinos, a las que debemos estar siempre muy agradecidos, pero que son inaccesibles y que cuando les presentas proyectos, obras, pasados seis meses te dicen que todavía nadie ha tenido tiempo de leerlas. ¿Será porque están demasiado ocupadas en lo que parece su cometido principal, las entrevistas?</p>
<p>Porque convertir el Teatro Español en un Festival es como poco, desconocer la ciudad para la que teóricamente se sirve. Yo entiendo bien que si Madrid fuese París, es decir, una ciudad con 5ó 6 teatros municipales como El Español, con otros más de 20 teatros municipales cada uno en un barrio (lo conozco porque he estrenado en uno de ellos) dedicados a producir y programar preferente y obligatoriamente a los autores, directores y actores vivos parisinos y franceses, con no sé cuántos teatros nacionales, Centros Dramáticos, un teatro de la Asociación de Autores de teatro para sus autores, etc, etc, entonces, sí, bienvenida sea la programación festivalera en el Teatro Español. Pero en ese caso me temo que no necesitaríamos a un director-estrella sino a un productor especializado que realmente conozca el meollo de la creación internacional, un Goldenberg, que puede resultar caro pero al que al menos no tenemos que pagar sus contactos y futuro profesional. </p>
<p>¿Pero no es como obvio que en un teatro de Madrid, pagado por los de Madrid, que contrata a un director-estrella, que nos cuesta una fortuna, será para que ese director monte mayoritariamente autores de Madrid, con directores de Madrid, con actores de Madrid, con iluminadores de Madrid, con escenógrafos de Madrid…? ¿Pero qué pasa en Madrid, en España, que todavía hay que reivindicar estas obviedades que son la práctica generalizada en cualquier otro país europeo? (Insisto en que los comentarios no van dirigidos a individuos concretos sino a las estructuras que los permiten. Los individuos hacen muy bien en aprovecharse de las estructuras. Para eso están.)        </p>
<p>Hemos llegado al fondo de la cuestión: en Madrid, en España, el teatro público no realiza la función básica para la que les pagamos los ciudadanos: la de crear tejido teatral local con eficacia y excelencia. Y creo que en una buena parte se debe a la paradoja tradicional del despotismo ilustrado: A nadie se le oculta que nuestras autoridades teatrales, nuestros directores-estrella, incluso nuestros productores no pierden ocasión en recordarnos (ya sea en entrevistas ya sea en conversaciones privadas) que consideran muy malos a los autores locales vivos, a la mayoría de los directores y actores, salvo unos pocos que curiosamente suelen ser amiguetes. Por eso estos autores, directores y actores locales, siempre en la lógica de los déspotas ilustrados, lo mejor que pueden hacer es sentarse en la butaca a ver (y agradecer) lo buenos que son los que nos traen de fuera. </p>
<p>Muy bien, pongámonos en la cabeza de nuestras autoridades que piensan así. ¿No está justamente ahí la contradicción? Si piensan así y reciben un cargo público, cuya aceptación que yo sepa es voluntaria por mucha retórica del sacrificio que se estile, con un presupuesto público, con unos instrumentos públicos, con unos teatros públicos, que pagamos todos, ¿no será el cometido fundamental de las autoridades que esos autores locales, esos directores y actores locales, esos escenógrafos e iluminadores locales… dejen de ser tan malos porque se les ayuda a formarse, a perfeccionarse, a producir, a distribuir, a promocionar, a circular…? ¿No es ésa la función pública? Pues si la respuesta es afirmativa, muchos pensamos que una programación como la del Teatro Español y tantos otros, una organización del teatro público como la actual a nivel de Estado, Comunidad Autónoma y Ayuntamiento… no sirve. Y que nadie se lleve a engaño pensando que esto es una apología del localismo, del nacionalismo. Todo lo contrario. Para los que conocemos bien el extranjero tenemos claro que el provincianismo endémico es lo que prevalece en Madrid, en Barcelona, en España.<br />
Porque provincianismo es creerse muy internacional por pensar que todo lo que viene de fuera es siempre mejor (o a la inversa) y por lo tanto derrochar el dinero pagando lo de fuera en detrimento de lo local; porque provincianismo es de nuevo, la mezcla de conceptos, el no comprender, como sí lo entienden en otros países, que son dos mecanismos diferentes: el teatro público local está para la promoción de lo local; el contacto con el exterior se financia con otras partidas presupuestarias.</p>
<p>No puedo despedirme sin reflexionar sobre un ejemplo concreto. Me dicen que el Teatro Español se gasta un millón de euros (más de 160 millones de pesetas) en traer “Julio César” una semana a Madrid con actor hollywoodiano y todo . No se trata de hacer una crítica estética: yo estoy entre los que les gustó, así como conozco a muchos que no. Pero no es ésa la cuestión. La cuestión está muy clara: ¿Con 160 millones en una semana no se puede hacer algo más y mejor para el teatro de Madrid? Yo, como muchos, afirmo que sí. Y sé de lo que hablo. Yo dirigí la programación de una institución pública que tenía 15 millones de pesetas al año para teatro, repito, 15 millones al año, y puedo asegurar y demostrar que creamos mucho más tejido local que con los miles de millones que despilfarran nuestros teatros públicos en esos fuegos artificiales que no dejan poso. Y no dejan poso porque me perdonarán pero ver un producto terminado, en teatro como en cualquier creación, no es suficiente. Lo que sí deja poso es meter a los creadores locales no en resultados sino en los  procesos de creación. Esto que es tan elemental en el mundo de la industria, de la cooperación, del desarrollo, ¿cómo puede ser tan desconocido cuando hablamos de Cultura? ¿O es que debemos pensar mal y el problema está en que el chiringuito actual favorece unos intereses creados particulares que no se quieren o no se atreven a alterar? Prometí autocensura…</p>
<p>Y hablando de censura, también me parece de lo más escandaloso que los creadores españoles y locales, los profesionales españoles y locales… traguemos. Nos han robado a los creadores el teatro público, los teatros públicos, que pagamos todos, y aquí se traga, no se levanta nadie. Y no se levanta nadie porque las autoridades son lo suficientemente inteligentes, ahí sí, para prometer alguna zanahoria, alguna migaja si nos portamos bien, si no nos quejamos. Y al que lo haga, represalia y silencio.</p>
<p>¿No ha llegado el momento de que despreciemos las migajas para exigir el pan? ¿Para exigir que los teatros públicos, que pagamos nosotros, no estén para la mayor gloria económica y profesional del director, de las autoridades de turno, sino para que programen mayoritariamente, por no decir, exclusivamente, a los autores, directores, actores, iluminadores, escenógrafos…,  locales vivos, a los que trabajamos el teatro? ¿No ha llegado el momento de exigir que el teatro público, pagado con nuestro dinero, empiece de nuevo y desde abajo, a pensar, organizar, definir y financiar un sistema que nos sirva a todos, a los que trabajamos en el teatro y a los que gozamos con el teatro? Yo sé que bajar del Olimpo a los barrios, crear tejido local, potenciar redes y colectivos de creación local, mezclarse con los problemas de los miles que tratamos de salir adelante, difuminar el yo en grupos de trabajo, etc es mucho menos glamuroso y divino, con el agravante de que te hacen menos entrevistas en los medios de comunicación. Pero dense una oportunidad, queridas autoridades, a lo mejor descubren otras bondades. Y si no, cambien de profesión. </p>
<p>¡Por favor, autoridades, no nos tomen más por bobos que nos limitamos a pagar, ver y callar!</p>
<p>¡Por favor, compañeros, no traguemos más. Si hasta las migajas están ya comprometidas a unos pocos amiguetes. A la mayoría no os van a dar nada!</p>
<p>¡Pero no esperemos a que nos den! ¡Salgamos a la calle! ¡Tomemos los teatros! ¡Los teatros para los que los pagamos! ¡Pasemos a la acción! ¡El teatro es acción!</p>
<p>¡Cambiemos el sistema!</p>
<p>Porque si no, ya sabemos qué esperan las autoridades de nosotros: que cultivemos a los amiguetes y seamos buenos.</p>
<p>Con mucho respeto por sus personas, queridas autoridades, pero con poco respeto por sus gestiones, salvo alguna excepción, les saluda atentamente,<br />
Íñigo Ramírez de Haro</p>
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		<title>censura, subvenciones y amiguetes: el teatro con adjetivo</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Mar 2011 16:29:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>masmedios_ny</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando nos las creíamos muy felices los hijos de la democracia, el progresismo y el laicismo por el fin de la censura que durante tantos siglos ahogó a los creadores con dictaduras, conservadores e iglesias, he aquí que renace de sus cenizas con nuevos disfraces que no por más sutiles son menos eficaces. Incluso más. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando nos las creíamos muy felices los hijos de la democracia, el progresismo y el laicismo por el fin de la censura que durante tantos siglos ahogó a los creadores con dictaduras, conservadores e iglesias, he aquí que renace de sus cenizas con nuevos disfraces que no por más sutiles son menos eficaces. Incluso más. Porque si la censura directa ha ciertamente disminuido, aunque no desaparecido, parecen haberse disparado las dos censuras indirectas dominantes: el mercado y lo público.<br />
Todo creador sabe que para prosperar en el teatro, es decir, si no quiere dedicarse a otra cosa, tiene que aprender a disimular, a nadar con las censores, a utilizar un arma eficaz: la autocensura. Pero el problema de la autocensura es que una vez instalada se funde con el creador. Vivimos una época de tremenda autocensura. ¿Podemos aspirar a un mundo sin censura ni autocensura?<br />
En 1 Manifiesto, 2 Ejemplos y 3 Comentarios repasemos tres censuras que paradójicamente se venden como grandes logros del teatro público (de la censura del mercado hablaremos otro día): subvenciones, amiguetes y adjetivos. Las subvenciones y los  amiguetes son el pan nuestro de cada día, pero los adjetivos benditos se han convertido en la forma más preocupante de la censura actual al ir acompañados de la sobrecogedora carga de lo bienpensante, de lo correcto políticamente, de lo moralmente ortodoxo…, y por lo tanto son incuestionables. ¿Quién se atreve contra cualquiera de los adjetivos bien si no quiere quedar relegado a la condición de paria?</p>
<p>MANIFIESTO: ¡CÓMO SOBREVIVIR EN EL PAÍS CATÓLICO!<br />
En España, hoy, hay censura.<br />
En España, hoy, hay autocensura.<br />
En España, hoy, hay teatro con adjetivo.<br />
En España, hoy, la censura es el adjetivo: comercial, alternativo, público, clásico, inmigrante, étnico, identitario, antropológico, joven, nacional, político, femenino, gay, universitario, lésbico, indígena, autonómico….<br />
En España, hoy, el máximo objetivo es ser adjetivo.<br />
En España, hoy, un espectáculo popular, el fútbol, no tiene adjetivo.<br />
En España, ayer, un espectáculo popular, el teatro desde El Siglo de Oro hasta Valle Inclán, no tenía adjetivo.<br />
En España, hoy, apenas hay teatro. Hay adjetivo. El teatro es sustantivo.<br />
En España, hoy, la picaresca consiste en convertir el adjetivo en víctima.<br />
En España, hoy, el segundo máximo objetivo es ser víctima. Si somos víctimas estamos salvados.<br />
En España, hoy, vamos de víctimas hasta los católicos.<br />
En España, hoy como ayer, el adjetivo que mejor nos define es el de católico.<br />
En España, hoy como ayer, todos somos católicos: los clericales somos católicos y los ateos somos católicos; los conservadores somos católicos y los progresistas somos católicos; los de derechas somos católicos y los de izquierdas somos católicos…<br />
¡Qué entrañable nos resulta Azaña cuando dijo aquello de que España había dejado de ser católica!<br />
En España, hoy como ayer, el catolicismo es la censura<br />
En España, hoy como ayer, el catolicismo no es una religión.<br />
En España, hoy como ayer, el catolicismo es el mecanismo psicológico que rige el comportamiento individual y colectivo de los españoles. Han sido demasiados siglos de subyugación totalitaria como para quitárselos de encima en pocos años.<br />
En España, hoy como ayer, el tercer máximo objetivo de creadores, políticos, empresarios, periodistas… es crear una Iglesia con sus códigos, prelados y feligreses.<br />
En España, hoy como ayer, las derechas y las izquierdas tenemos nuestras Romas con nuestros Papas que nos dictan la Verdad:<br />
Así sabemos qué tenemos que pensar.<br />
Así sabemos cómo debemos comportarnos.<br />
Así nos admiten en sus rebaños si somos bienpensantes.<br />
Así nos expulsan de sus paraísos si somos malpensantes.<br />
Porque todos pensamos igual.<br />
Así nos creemos libres.<br />
Así nos creemos independientes.<br />
Así  nos creemos adultos<br />
Así podemos suprimir al que piensa distinto con la conciencia tranquila.<br />
Así siempre estaremos seguros con Papas y Papás.<br />
Porque todos pensamos igual.<br />
Para eso tenemos la Verdad.<br />
En España, hoy como ayer, el principio básico que rige nuestros sentimientos y mentes católicos es: La culpa.<br />
La culpa judeocristiana.<br />
Los enredos de la culpa.<br />
La culpa hace que ateos y clericales, progresistas y reaccionarios coincidamos en las causas: marginales, pobres, inmigrantes, minusválidos, minorías…<br />
La culpa hace que ateos y clericales, progresistas y reaccionarios confundamos las buenas intenciones para ganar el Cielo con la buena creación artística.<br />
La culpa hace que ateos y clericales, progresistas y reaccionarios sigamos justificando el arte en función del qué olvidándonos del cómo.<br />
La culpa hace que ateos y clericales, progresistas y reaccionarios tiñamos todo lo que tocamos de lo de siempre: paternalismo, caridad, sumisión, jerarquía, tradición…<br />
La culpa hace que con cambiar de collares a los mismos perros nos tranquilicemos mucho:<br />
Y lo llamamos solidaridad.<br />
Y lo llamamos cooperación.<br />
Y lo llamamos ayuda humanitaria.<br />
Y lo llamamos diálogo.<br />
Y lo llamamos tolerancia.<br />
Y lo llamamos relativismo.<br />
Cuando no preferimos hablar de lo nuestro, de nuestras tradiciones, de nuestra lengua, de nuestra identidad, de nuestras costumbres, de nuestra nación…<br />
¡Ay, qué bien nos sentimos!<br />
(Y con la ventaja adicional de que cuando nos sale un hijo de puta, es nuestro hijo de puta y por lo tanto, siempre es menos hijo de puta. O podemos decir que nada y un pacto de olvido.)<br />
La culpa hace que ateos y clericales, progresistas y reaccionarios seamos tan antiguos.<br />
Por eso el arte no molesta más a nadie.<br />
Por eso el teatro es un púlpito más que se puede programar en cualquier parte.<br />
Por eso la cultura es un producto más de adorno que se mide por cantidades.</p>
<p>¿Y cuando aparece una obra de teatro que realmente molesta?<br />
Yo lo he vivido. Una obra…</p>
<p>Que provoca insultos verbales de violencia real.<br />
Que provoca amenazas de muerte de violencia real.<br />
Que provoca agresiones físicas de violencia real.<br />
Que provoca inquisiciones judiciales de violencia real.<br />
Curiosamente, ningún productor privado, ningún productor público, ningún programador privado, ningún programador público… la quiere programar.<br />
No es el momento oportuno, dicen.<br />
No hay que molestar innecesariamente.<br />
No es más que basura subjetiva.<br />
No es más que una rabieta.<br />
No es más que la búsqueda desesperada de promoción ante la falta de talento.<br />
No es más que una provocación y su autor un provocador de pacotilla.<br />
A pesar de tener la publicidad asegurada sin apenas inversión, como tanto les gusta a los programadores y productores.<br />
A pesar de ser previsible un éxito comercial de taquilla, como tanto les gusta a los programadores y productores.<br />
A pesar de tener una extensa cobertura mediática, como tanto les gusta a los programadores y productores.<br />
Pero como realmente molesta, entonces el programador se juega realmente el nombre.<br />
Pero como realmente molesta, entonces el programador se juega realmente sus relaciones.<br />
Pero como realmente molesta, entonces el programador se juega realmente las subvenciones.<br />
Pero como realmente molesta, entonces el programador se juega realmente la poltrona.<br />
¡Y no me toquen la poltrona!<br />
¡Y no me toquen los cojones!<br />
¡Y se acojona!<br />
Dan mucho más réditos, y sin ningún riesgo, las soflamas revolucionarias que se saben ya inanes verborreas clásicas. ¡Eso sí que es teatro político… aunque a nadie le mueva un pelo!<br />
Dan mucho más réditos, y sin ningún riesgo, las causas políticamente correctas que aseguren el aplauso de los respectivos colectivos correctos políticamente. ¡Eso sí es teatro social… aunque a nadie le mueva un pelo!<br />
Dan más réditos, y sin ningún riesgo, los teatros con adjetivo para que todos puedan comulgar en paz. ¡Eso sí es teatro solidario… aunque a nadie muevan un pelo!<br />
¿No es como muy curioso?<br />
¿No es que somos como muy católicos?<br />
¿O es que el teatro está muerto?<br />
¿O es que nosotros estamos muertos?<br />
¿Estamos muertos porque somos católicos?<br />
¿Somos católicos porque estamos muertos?<br />
¿Hay Iglesia porque hay Dios o hay Dios porque hay Iglesia?<br />
En España, hoy, el catolicismo no es una religión. Es una cultura.<br />
En España, hoy, la cultura es la censura.<br />
Y al oír la palabra cultura ya no sabemos dónde llevarnos la mano: ¿A la pistola? ¿Al monedero? ¿A la entrepierna? ¿O directamente al culo?&#8230; Es decir, ocio.<br />
Y al oír la palabra cultura ya no vemos más que gestores, programadores, ministros, directores, organizadores, eventos, fórums, encuentros… Es decir, propaganda.<br />
Y al oír la palabra cultura ya no sabemos qué entra en el saco: restauración, moda, diseño, pasarela, peluquería, esoterismo… Es decir, parque temático.<br />
Y al oír la palabra cultura ya no vemos más que jerarquía de popes, premios nóbeles, articulistas, grandes firmas, intelectuales estrella… Es decir, superventas.<br />
¿Cómo sobrevivir en el país católico?<br />
Cuando no quieres entrar en ningún adjetivo porque no quieres ser víctima.<br />
Cuando no quieres ser católico porque no crees en el monoteísmo sino en la pluralidad.<br />
Cuando no quieres hacer cultura porque quieres estar vivo.<br />
¡No tengo ni puta idea, con perdón!</p>
<p>COMENTARIO 1: CENSURA DIRECTA: “ME CAGO EN DIOS”<br />
Resulta altamente ilustrativo en la cultura católica dominante en España, ya sea en su versión religiosa o laica, un caso como el de “Me cago en Dios”. Como censura directa e interferencia fue el colofón de al menos diez casos documentados en los últimos años del gobierno del PP. (Se da la circunstancia ya habitual en la historia de la censura que algunos de los censores del momento siguen siendo flamantes defensores históricos de la libertad de expresión en sus soflamas hasta revolucionarias.)<br />
Cuando apareció “Me cago en Dios” y empezaron las censuras, las denuncias, las agresiones físicas violentas, las amenazas de muerte a diario, el medio cultural español exhibió sus mecanismos católicos: Era previsible que los inquisidores, la Confederación Episcopal y su brazo radiofónico, la COPE, organizaran la caza, captura y denuncia con el aplauso del PP;<br />
No era tan previsible la falta de apoyo del partido en el gobierno, el PSOE, con justificaciones tipo: “no es el momento”, “no queremos molestar” (en estos casos siempre me pregunto cuándo será el momento);<br />
Y francamente imprevisible, para los no avezados en catolicismo, resultaron las reacciones de colectivos como la “Plataforma contra la guerra” y otras, tan activas ellas en guerras políticamente correctas, pero que en este caso, aunque era la primera vez que se pegó a profesionales en un escenario, se intentó quemar un teatro, etc, no hubo reacciones institucionales, porque como me contó un directivo se habían esgrimido argumentos tipo: en definitiva “no es Javier Bardem”…<br />
En fin, que te quedas solo con unos cuantos amigos y algunas excepciones grupales como la Asociación de Autores de Teatro o el extraordinario comportamiento del Teatro Alfil que se atrevió a programarla contra la venganza de las instituiciones subvencionadoras y de las milicias integristas amenazantes y violentas.</p>
<p>EJEMPLO 1: LA CRISPACIÓN ENTRE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN<br />
Llamativo el odio de la COPE, de El Mundo, de La Razón, del ABC hacia el grupo PRISA, la SER o El País. Paradójico que ese odio se pretenda amparar en algún ideal o defensa de libertades o derechos cuando ya sabemos qué bien los defendían y con quién estaban aliados cuando en el pasado esos medios(o sus equivalentes) tuvieron el poder durante siglos.<br />
La rivalidad repite todos los mecanismos de las guerras entre las iglesias: La COPE, El Mundo, La Razón, el ABC, quieren ser iglesia con éxito como sí lo consiguió su rival. Sus críticas, sus rabias, sus odios, no son más que la medida de sus fracasos en serlo.</p>
<p>COMENTARIO 2: CENSURA INDIRECTA: SUBVENCIONES<br />
La incapacidad de organizar un teatro público eficiente en España tras tres décadas de intentonas nos ha llevado a esta versión cutrepública de escasa operatividad para pontenciar un buen teatro español, pero de gran eficacia a la hora del control creativo a través de sus dos poderosas armas: las subvenciones y los teatros públicos. ¿No es curiosa la ausencia casi completa de ayuda pública en otros tramos de la creación teatral: la distribución, la promoción, la formación, la circulación dentro y fuera de España…, de mucho menor calado para controlar?<br />
El teatro cutrepúblico español es cutre en primer lugar porque frente al modelo francés o alemán a imitar, las llamadas subvenciones se han convertido en unas bolsas de migajas repartidas con el criterio de “café para todos” los pedigüeños que impide cualquier posibilidad de excelencia pero que, como la caridad, acalla críticas y quejas no vaya a ser que el año siguiente no te den ni siquiera eso.<br />
Porque el teatro cutrepúblico español sí ha sido extraordinariamente eficaz, hay que reconocerlo, en acabar con la iniciativa e independencia de los creadores. Ya apenas nadie se embarca en un proyecto si no cuenta con algún tipo de ayuda pública. Hasta muchos de los llamados empresarios privados se jactan de haber conseguido convencer a las autoridades de la necesidad de que los subvencionen y así no arriesgan. ¿Por qué se siguen llamando empresarios? Ni idea. Se mata la necesidad del creador y todo muy seguro…, muy seguro de mediocridad.<br />
 Y ya en el capítulo de los directores de los teatros públicos, tradicionalmente encomendados a ilustres creadores, siempre me sorprenderá el gustillo que se desarrolla en muchos de ellos por el sueldo público mensual, o sea por ser funcionarios- eso sí, sin hacer oposiciones- que transformará sus grandes proyectos iniciales en cómo mantenerse inexpugnables en las poltronas durante el mayor tiempo posible.<br />
Para ello emplean un cúmulo de fórmulas más o menos picarescas, pero la más efectiva sigue siendo la de convertir la programación en una cartera de pedidos e intercambio de cromos con los otros directores y programadores españoles (mimar especialmente la Comunidad Autónoma de proveniencia) o internacionales que les aseguren sus estabilidades económicas.<br />
Da igual que el teatro español apenas exista en el mundo y sea tan pobre comparado con nuestros vecinos europeos; da igual que el provincianismo dominante resalte unos valores que no resisten a ninguna crítica; da igual que sea prácticamente imposible formarse con un mínimo de calidad…; da igual todo, o parafraseando a Tácito, da igual que se haya creado un páramo y lo llamemos teatro. Lo importante es que contribuyentes y teatreros servimos principalmente para financiar el futuro profesional de los directores de teatros públicos y demás autoridades. No al revés.</p>
<p>EJEMPLO 2: EL AÑO DE “DON QUIJOTE”<br />
¿Cómo hace el teatro público para que los creadores no piensen en cosas raras no vayan a ponerse a cuestionar las estructuras dominantes? Dándoles las ideas, los temas de redacción, como en el colegio. Es decir, creando adjetivos. Uno muy en boga es el de las conmemoraciones. Todo creador que, ¡oh, casualidad!, ajuste su necesidad creativa al año temático de turno recibirá un chorro de subvenciones, prebendas y programaciones en teatros públicos.<br />
Yo confieso que este año de D. Quijote, como los anteriores de Alberti, Cernuda o Lorca, me han llegado a producir tanto vómito hacia los homenajeados cuando antes me entusiasmaban, que estoy preocupado. Preveo que en 20 años de promociones voy a acabar odiando la cultura. ¿Será ése el objetivo secreto de nuestras autoridades?</p>
<p>COMENTARIO 3: CENSURA INDIRECTA: LOS AMIGUETES<br />
Tras los años inaugurales de UCD, los catorce del PSOE, los ocho del PP y el último año y pico del PSOE, donde todos ellos anunciaron el gran cambio en el teatro español, ya podemos apreciar en qué consiste: el cambio en España es el cambio de amiguetes. Ah, y de nombres.<br />
Cada nueva legislatura nos ameniza con bautizos. A la caridad la llamamos cooperación; a la limosna, subvenciones; a la compasión, solidaridad; al centro de Madrid, Barrio de las Artes; para el INAEM ya nos anuncian un nuevo acróstico… El cambio de nombre tiene la ventaja adicional de que no hay que cambiar nada más.<br />
Pero qué gran emoción nos invade con el cambio de amiguetes. Yo, como mucho de mis  colegas, debo ser completamente idiota, porque por mucho que me esfuerzo en entender la mayoría de los nombramientos de las autoridades, de los directores de los teatros públicos, de los programados por los teatros públicos, pensando en términos de talento, capacidad, eficacia, trayectoria o incluso ideología…, no los entiendo. Y la solución era tan fácil: Bastaba con rascar en las biografías comunes, en las vidas paralelas…<br />
Los amiguetes tienen la ventaja incalculable de que si las cosas no se tuercen demasiado puedes de nuevo asegurarte vivir muchos años de lo público con el intercambio de favores. Que exista mundo fuera de los amiguetes no es un problema de los amiguetes; es un problema del mundo. Y los amiguetes son siempre geniales, por supuesto.<br />
Así, poco a poco, he llegado a la constatación de que el teatro español es profundamente aristotélico. No me refiero al Aristóteles de la “Poética” o de la “Metafísica” sino al de la “Ética a Nicómaco” cuando recomienda que la felicidad, la buena vida, la virtud, se encuentran en el cultivo de la amistad.<br />
Amigos, colegas, teatreros, si queremos hacer algo en el teatro en España, ya sabemos la lección: ¡Cultivemos a los amiguetes!    </p>
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		<item>
		<title>¿cómo sobrevivir en el país católico?</title>
		<link>http://www.ramirezdeharo.com/%c2%bfcomo-sobrevivir-en-el-pais-catolico/</link>
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		<pubDate>Mon, 28 Mar 2011 16:24:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>masmedios_ny</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[catÃ³lico]]></category>
		<category><![CDATA[censura]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[EspaÃ±a]]></category>
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		<description><![CDATA[En España, hoy, hay censura. En España, hoy, hay autocensura. En España, hoy, hay teatro con adjetivo. En España, hoy, la censura es el adjetivo: comercial, alternativo, público, clásico, inmigrante, étnico, identitario, antropológico, joven, nacional, político, femenino, gay, universitario, lésbico, indígena, autonómico…. En España, hoy, el máximo objetivo es ser adjetivo. En España, hoy, un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En España, hoy, hay censura.<br />
En España, hoy, hay autocensura.<br />
En España, hoy, hay teatro con adjetivo.<br />
En España, hoy, la censura es el adjetivo: comercial, alternativo, público, clásico, inmigrante, étnico, identitario, antropológico, joven, nacional, político, femenino, gay, universitario, lésbico, indígena, autonómico….<br />
En España, hoy, el máximo objetivo es ser adjetivo.<br />
En España, hoy, un espectáculo popular, el fútbol, no tiene adjetivo.<br />
En España, ayer, un espectáculo popular, el teatro desde El Siglo de Oro hasta Valle Inclán, no tenía adjetivo.<br />
En España, hoy, apenas hay teatro. Teatro es sustantivo. Punto.<br />
En España, hoy, la picaresca consiste en convertir el adjetivo en víctima.<br />
En España, hoy, el segundo máximo objetivo es ser víctima. Si somos víctimas estamos salvados.<br />
En España, hoy, vamos de víctimas hasta los católicos.<br />
En España, hoy, todos somos católicos: los clericales somos católicos y los ateos somos católicos; los conservadores somos católicos y los progresistas somos católicos; los de derechas somos católicos y los de izquierdas somos católicos…<br />
¡Qué lejos estaba Azaña de la realidad cuando dijo aquello de que España había dejado de ser católica!<br />
En España, hoy, el catolicismo es la censura<br />
En España, hoy, el catolicismo no es una religión.<br />
En España, hoy, el catolicismo es el mecanismo psicológico que rige el comportamiento individual y colectivo de los españoles. Han sido demasiados siglos de subyugación totalitaria como para quitárselos de encima en pocos años.<br />
En España, hoy, el tercer máximo objetivo de creadores, políticos, empresarios, periodistas… es crear una Iglesia con sus códigos, prelados y feligreses.<br />
En España, hoy, las derechas y las izquierdas tenemos nuestras Romas con nuestros Papas que nos dictan la Verdad:<br />
Así sabemos qué tenemos que pensar.<br />
Así sabemos cómo debemos comportarnos.<br />
Así nos admiten en sus rebaños si somos bienpensantes.<br />
Así nos expulsan de sus paraísos si somos malpensantes.<br />
Porque todos pensamos igual.<br />
Así nos creemos libres.<br />
Así nos creemos independientes.<br />
Así  nos creemos adultos<br />
Así podemos suprimir al que piensa distinto con la conciencia tranquila.<br />
Así siempre estaremos seguros con Papas y Papás.<br />
Porque todos pensamos igual.<br />
Para eso tenemos la Verdad.<br />
En España, hoy, el principio básico que rige nuestros sentimientos y mentes católicos es: La culpa.<br />
La culpa judeocristiana.<br />
Los enredos de la culpa.<br />
La culpa hace que ateos y clericales, progresistas y reaccionarios coincidamos en las causas: marginales, pobres, inmigrantes, minusválidos, minorías…<br />
La culpa hace que ateos y clericales, progresistas y reaccionarios confundamos las buenas intenciones para ganar el Cielo con la buena creación artística.<br />
La culpa hace que ateos y clericales, progresistas y reaccionarios sigamos justificando el arte en función del qué olvidándonos del cómo.<br />
La culpa hace que ateos y clericales, progresistas y reaccionarios tiñamos todo lo que tocamos de lo de siempre: paternalismo, caridad, sumisión, jerarquía, tradición…<br />
La culpa hace que con cambiar de collares a los mismos perros nos tranquilicemos mucho:<br />
Y lo llamamos solidaridad.<br />
Y lo llamamos cooperación.<br />
Y lo llamamos ayuda humanitaria.<br />
Y lo llamamos diálogo.<br />
Y lo llamamos tolerancia.<br />
Y lo llamamos relativismo.<br />
Cuando no preferimos hablar de lo nuestro, de nuestras tradiciones, de nuestra lengua, de nuestra entidad, de nuestras costumbres, de nuestra nación…<br />
¡Ay, qué bien nos sentimos!<br />
(Y con la ventaja adicional de que cuando nos sale un hijo de puta, es nuestro hijo de puta y por lo tanto, es menos hijo de puta. O podemos decir que nada y un pacto de olvido.)<br />
La culpa hace que ateos y clericales, progresistas y reaccionarios seamos tan antiguos.<br />
Por eso el arte no molesta más a nadie.<br />
Por eso el teatro es un púlpito más que se puede programar en cualquier parte.<br />
Por eso la cultura es un producto más de adorno que se mide por cantidades.</p>
<p>Yo lo he vivido: ¿Y cuando aparece una obra de teatro que realmente molesta?</p>
<p>Que provoca insultos verbales de violencia real.<br />
Que provoca amenazas de muerte de violencia real.<br />
Que provoca agresiones físicas de violencia real.<br />
Que provoca inquisiciones judiciales de violencia real.<br />
Ningún productor privado, ningún productor público, ningún programador privado, ningún programador público… la quiere programar.<br />
No es el momento oportuno.<br />
No hay que molestar innecesariamente.<br />
No es más que basura subjetiva.<br />
No es más que una rabieta.<br />
A pesar de tener la promoción asegurada sin apenas inversión, como tanto les gusta.<br />
A pesar de ser previsible un éxito comercial de taquilla, como tanto les gusta.<br />
A pesar de tener una extensa cobertura mediática, como tanto les gusta.<br />
Pero como realmente molesta, entonces el programador se juega realmente el nombre.<br />
Pero como realmente molesta, entonces el programador se juega realmente sus relaciones.<br />
Pero como realmente molesta, entonces el programador se juega realmente las subvenciones.<br />
Pero como realmente molesta, entonces el programador se juega realmente la poltrona.<br />
¡Y no me toquen la poltrona!<br />
¡Y no me toquen los cojones!<br />
¡Y se acojona!<br />
Dan más réditos las soflamas revolucionarias que se saben ya inanes verborreas clásicas.<br />
Dan más réditos las causas políticamente correctas que aseguren el aplauso de los respectivos colectivos correctos políticamente.<br />
Dan más réditos los teatros con adjetivo para que todos puedan comulgar en paz.<br />
¿No es como muy curioso?<br />
¡Somos muy católicos!<br />
¡Estamos muertos!<br />
¿Estamos muertos porque somos católicos?<br />
¿Somos católicos porque estamos muertos?<br />
¿Hay Iglesia porque hay Dios o hay Dios porque hay Iglesia?<br />
¿Son feos porque son religiosos o son religiosos porque son feos?<br />
En España, hoy, el catolicismo no es una religión. Es una cultura.<br />
En España, hoy, la cultura es la censura.<br />
Y al oír la palabra cultura ya no sabemos dónde llevarnos la mano: ¿A la pistola? ¿Al monedero? ¿A la entrepierna? ¿O directamente al culo?&#8230; Es decir, ocio.<br />
Y al oír la palabra cultura ya no vemos más que gestores, programadores, ministros, directores, organizadores, eventos, fórums, encuentros… Es decir, propaganda.<br />
Y al oír la palabra cultura ya no sabemos qué entra en el saco: restauración, moda, diseño, pasarela, peluquería, esoterismo… Es decir, parque temático.<br />
Y al oír la palabra cultura ya no vemos más que jerarquía de popes, premios nóbeles, articulistas, grandes firmas, intelectuales estrella… Es decir, superventas.<br />
¿Cómo sobrevivir en el país católico?<br />
Cuando no quieres entrar en ningún adjetivo porque no quieres ser víctima.<br />
Cuando no quieres ser católico porque quieres creer en la variedad.<br />
Cuando no quieres hacer cultura porque quieres estar vivo.<br />
¡No tengo ni puta idea, con perdón!<br />
¿Pero y si cambiamos de perros?<br />
¿Y si frente a la violencia del catolicismo guerracivilista de exterminar al que piensa distinto (si no físicamente, que ya no se estila, por ahora, al menos ideológicamente, moralmente, psicológicamente…), no nos interesamos por su pensamiento y regimos el debate por el saber y la excelencia?<br />
¿Y si frente a la violencia del catolicismo monoteísta de la Verdad, necesariamente belicista e imperialista, no volvemos al pluralismo de las verdades, obligatoriamente pacífico y civilizado?<br />
¿Y si frente a la violencia del catolicismo dogmático del Dios creacionista, no recuperamos lo divino, lo eterno y necesario de la naturaleza viva por sí misma, el misterio&#8230;, “sólo el misterio nos hace vivir” que nos recordaba el poeta asesinado?<br />
¿Y si frente a la violencia del catolicismo salvacionista  del tiempo lineal y siempre futuro, allí, no aspiramos al retorno del instante eterno, del fulgor, del temblor, del éxtasis, de la acción, de la afirmación, de la intensidad, de la plenitud, ahora, aquí?<br />
¿Y si frente a la violencia del catolicismo escatológico y transcendental que nos sitúa en el punto de vista de la muerte, del morir para vivir, del terror sobrenatural con demonios, juicios y pecados, no nos asomamos al punto de vista de la vida, de la admiración de lo natural, de la renovación, donde se muere porque se vive y de donde “yo me iré y seguirán los pájaros cantando” como cantaba el poeta exiliado?<br />
¿Y si frente a la violencia del teatro católico dominante de moral, púlpito y catequesis, no recuperamos el pulso trágico del atreverse a ser, del conocer y del azar?<br />
¿Y si frente a la violencia del teatro católico serio y solemne, no nos reímos un poco, incluso de nosotros mismos?<br />
¿Suenan mejor estos perros?<br />
¡No tengo ni puta idea, con perdón!</p>
<p>Una última curiosidad. Si te dan a elegir de nuevo entre el fuego y la esperanza: ¿Qué elegirías tú?<br />
¿Prometeo o Epidemeo?     </p>
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		<title>¿a que no tenéis cojones de programar “me cago en dios”? (o el teatro con adjetivo)</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Mar 2011 16:20:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>masmedios_ny</dc:creator>
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		<category><![CDATA[IÃ±igo Ramirez de Haro]]></category>
		<category><![CDATA[teatro]]></category>

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		<description><![CDATA[En España, hoy, hay miedo. En España, hoy, hay censura. En España, hoy, hay autocensura. En España, hoy, hay teatro con adjetivo. En España, hoy, la censura es el adjetivo: comercial, alternativo, público, clásico, inmigrante, étnico, identitario, antropológico, joven, nacional, político, femenino, gay, lésbico, indígena, autonómico…. En España, hoy, el espectáculo más popular, el fútbol, [...]]]></description>
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En España, hoy, hay censura.<br />
En España, hoy, hay autocensura.<br />
En España, hoy, hay teatro con adjetivo.<br />
En España, hoy, la censura es el adjetivo: comercial, alternativo, público, clásico, inmigrante, étnico, identitario, antropológico, joven, nacional, político, femenino, gay, lésbico, indígena, autonómico….<br />
En España, hoy, el espectáculo más popular, el fútbol, no tiene adjetivo. El teatro de Valle Inclán no tenía adjetivo. El teatro del Siglo de Oro no tenía adjetivo…<br />
En España, hoy, no hay teatro. Teatro es sustantivo. Punto.<br />
En España, hoy, hay católicos. Todos son católicos, los clericales y los ateos, los conservadores y los progresistas, las derechas y las izquierdas…<br />
En España, hoy, el catolicismo no es una religión.<br />
En España, hoy, el catolicismo es el mecanismo psicológico que rige el comportamiento individual y colectivo de los españoles. Han sido demasiados siglos de subyugación como para quitárselos de encima en pocos años.<br />
En España, hoy, las derechas y las izquierdas tienen sus Romas con sus Papas que en sus Bulas nos dictan la Verdad.<br />
Así nos dicen qué tenemos que pensar.<br />
Así nos dicen cómo debemos comportarnos.<br />
Así nos admiten en sus rebaños si somos bienpensantes.<br />
Así nos expulsan de sus paraísos si somos malpensantes.<br />
Así nos creemos libres.<br />
Así nos creemos independientes.<br />
Porque todos pensamos igual.<br />
En España, hoy, hay un principio básico ordenador del sentimiento: la culpa.<br />
La culpa judeocristiana.<br />
La culpa hace que ateos y clericales, progresistas y reaccionarios coincidan en las causas: marginales, pobres, inmigrantes, minusválidos, minorías…<br />
La culpa hace que ateos y clericales, progresistas y reaccionarios confundan las buenas intenciones para ganar el Cielo con la buena creación artística.<br />
La culpa hace que ateos y clericales, progresistas y reaccionarios tiñan todo lo que tocan de lo de siempre: paternalismo, caridad, sumisión, jerarquía…<br />
La culpa hace que ateos y clericales, progresistas y reaccionarios sigan justificando el arte en función del qué olvidándose del cómo.<br />
La culpa hace que ateos y clericales, progresistas y reaccionarios sean tan antiguos.<br />
Por eso el arte no molesta más a nadie.<br />
Por eso el teatro es un púlpito más que se puede programar en cualquier parte.<br />
Por eso la cultura es un producto más de adorno que se mide por cantidades.</p>
<p>¿Y cuando aparece una obra de teatro que realmente molesta?</p>
<p>Que provoca insultos verbales de violencia real.<br />
Que provoca amenazas de muerte de violencia real.<br />
Que provoca agresiones físicas de violencia real.<br />
Que provoca inquisiciones judiciales de violencia real.<br />
¡Ningún programador la quiere programar!<br />
No es el momento oportuno.<br />
No hay que molestar innecesariamente.<br />
No es más que basura subjetiva.<br />
No es más que una rabieta.<br />
A pesar de tener la promoción asegurada sin apenas inversión, como tanto les gusta.<br />
A pesar de ser previsible un éxito comercial de taquilla, como tanto les gusta.<br />
A pesar de tener una extensa cobertura mediática, como tanto les gusta.<br />
Pero como realmente molesta, entonces el programador se juega realmente el nombre.<br />
Pero como realmente molesta, entonces el programador se juega realmente sus relaciones comerciales.<br />
Pero como realmente molesta, entonces el programador se juega realmente las subvenciones.<br />
Pero como realmente molesta, entonces el programador se juega realmente la poltrona.<br />
¡Y no me toquen la poltrona!<br />
¡Y no me toquen los cojones!<br />
¡Y se acojona!<br />
¡Y se vuelve conservador!<br />
Dan más réditos las soflamas revolucionarias que se saben ya inanes verborreas clásicas.<br />
Dan más réditos las causas políticamente correctas que aseguren el aplauso de los respectivos colectivos correctos políticamente.<br />
Dan más réditos los teatros con adjetivo para que todos puedan comulgar en paz.<br />
¡Sois unos vendidos!<br />
¡Estáis muertos!   </p>
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