ESTRACTO
de
HISTORIA DE UN TRIUNFADOR:
EXTRACTO 1:
ARCA.- Con una tetera y muchas tazas. ¿Es la ciencia una rama más
de la fantasía o tiene otra realidad? ¿Qué le pone
más cachondo a un toro, una vaca gorda o una vaca flaca? ¿Por
qué la mierda huele tan mal fuera pero dentro del humano no se
nota? Yo, por ejemplo, para no ir más lejos, me bebo una taza de
té bien hasta arriba. Se sirve. Bebe. Me bebo una segunda taza
de té bien hasta arriba. Se sirve. Bebe. Me bebo una tercera taza
de té bien hasta arriba. Me bebo una cuarta taza de té bien
hasta arriba. Se sirve. Bebe. Me bebo una quinta taza de té bien
hasta arriba. Se sirve. Bebe. Y me pregunto: ¿todo lo que se mete,
se saca? Cualquier pregunta científica debe ser comprobable. ¡Comprobémoslo!
Veamos si yo puedo devolver las cinco tazas. Tal vez sean cuatro o tal
vez sean seis. Ahora mismo lo sabremos. Pone las tazas en filas. Se abre
la bragueta. Va a sacar el pito para mear. Claro, que no es tan fácil:
¿el resultado del experimento es independiente del sujeto que lo
realiza? La ciencia contemporánea, sobre todo a partir del principio
de indeterminación y de la física cuántica, ya ha
demostrado que la observación de cualquier objeto está condicionada
por el observador. ¡El observador! En este caso, yo. ¿Pero,
y quién soy yo? ¿Cuando hablamos de yo, de qué hablamos?
¿Del cuerpo? ¿De todo eso que vienen llamando alma? ¿Y
qué es eso de alma ¿Es lo mismo si yo soy guapo o feo, inteligente
o idiota, un fracasado o un triunfador...? ¡Cuántas preguntas!
Afortunadamente, el método científico nos enseña
a analizar objetivamente cada pregunta. Así, mientras se me llena
la vejiga para el experimento precisaré de qué sujeto científico
hablamos... Todo empezó en la tripa de mi madre. Éramos
quintillizos. Y la verdad, me molestaban. Eran pesadísimos. Me
quitaban la comida y no me dejaban espacio... Decidí suprimirlos.
Así aprendí muy pronto lo que significa la lucha por la
vida. Mi madre gritaba: “uno menos; el que quede será alguien”.
Pero mamá, la pobre, tampoco pudo aguantar mi agresividad y cuando
después de muchas horas de parto los médicos tuvieron que
decidir entre la vida de la madre o del niño, no lo dudaron ni
un instante: mataron inmediatamente a la madre. Habría sido una
irresponsabilidad moral privar al mundo de un triunfador. Fue en ese momento
en el que mi padre me cogió por primera vez en brazos...
ARCADIO.- Con un bebé en brazos. Hijo, tu madre ha muerto. Tus
cuatro hermanos han muerto. Sólo quedamos tú y yo en el
mundo, los últimos Arcadios. Seremos uña y carne. Eres lo
único que tengo. Hijo, el mundo es un lugar inseguro. El peligro
acecha por todas partes. Algún día entenderás que
no es fácil predecir el rumbo de la Bolsa. Por eso he pensado en
una operación de ahorro en valores seguros a largo plazo con un
rendimiento de un 4,25% que tras el pago de impuestos, comisiones y depreciaciones
se te quedaría en un 3 y pico. Es posible que te parezca un poco
bajo pero es de plena seguridad para que llegues a tu mayoría de
edad con un pequeño capitalito...
ARCA.- Comprendí en ese mismo instante que mi padre era un gilipollas.
Un 3 y pico cuando la gente se está sacando por ahí hasta
rendimientos del 25 por ciento. ¿Con quién coño se
cree que está hablando? Se debe pensar que todos somos igual de
gilipollas... En fin, no le volví a dirigir la palabra...
ARCADIO.- No sufras, hijo, resignación. Dios ha querido que seas
mudo. Por algo será. Tú busca siempre el lado positivo de
las cosas. Aprovéchate de las ventajas de ser minusválido:
no hace falta que estudies. ¿Para qué? Lo más importante
en la vida es la felicidad. Y afortunadamente para ser feliz no hace falta
ser muy inteligente ni muy guapo ni siquiera normal. Cualquiera puede
ser feliz, incluso un subnormal como tú. ¿No es maravilloso
que la felicidad sea tan democrática? Vive tu peculiaridad. Desarróllala.
Disfrútala. Sabes, hasta los más famosos hacen galas caritativas
para los minusválidos. Fíjate qué suerte. Hijo, yo
estoy muy orgulloso de ti. Y tu madre también lo estaría.
Díselo tú, Dolores. ¿A que estás orgullosa
de cómo va creciendo nuestro mudito? ¿Por qué me
dejaste solo? Te echo mucho en falta. Mira que te lo dije: que no insistas;
que Dios te va a castigar; que si no podemos tener hijos, no importa.
Pero nada, tú dale que dale. Eres una cabezota. Nunca aprenderás.
No paraste de meterte hormonas y óvulos y fertilizantes y clones
y congelados y no se qué... hasta que lo conseguiste. Me dejaste
solo. Hijo, dicen que los padres quieren más a sus hijos disminuidos.
Es cierto. Yo lo he comprobado. Yo te quiero mucho. Me han hablado de
un nuevo especialista sensacional de cuerdas vocales...
ARCA.- Con semejante tarado de padre mi infancia no fue precisamente
ideal. Mi padre me odiaba como suele ser habitual en los padres. Yo tenía
claro desde el principio que debía buscarme la vida por mi cuenta.
Mi objetivo era... triunfar. No hace falta recordar que la forja de un
triunfador no es fácil. Por cada triunfador hay miles, millones
de fracasados. Desde luego que se agradece a esa inmensa mayoría
que se autoaparta... En fin, que mal que bien pasó la infancia,
me hice mayor y esas cosas que pasan, conocí el amor...
ARCADIO.- Hijo, ven, te voy a presentar a la hija de unos amigos míos
ahora que ya eres un hombre. Una chica estupenda y muy guapa. Ya verás,
te va a encantar. Y lo que es más importante, ha oído de
ti y está deseando conocerte. No, no te pongas nervioso. No pasa
nada. ¡La maldita timidez! No te regaño, hijo. Yo sé
lo difícil que es soportar tu carga. Pero esta vez no te preocupes.
Ella lo sabe todo de tu mudez. Así no tienes que disimular nada
ni ponerte nervioso ni pasar el mal trago de que la chica de tus sueños
pueda descubrir que eres minusválido. Ella ya lo sabe y no le importa
nada. Al contrario, incluso lo prefiere. Porque mira, para que nunca pienses
que pueda estar contigo por caridad, he pensado que lo mejor era encontrarte
a una como tú. ¡Y fíjate que estamos de suerte. La
he encontrado! Se llama Socorrito. Es hija de unos amigos míos
y es un poco sordita. Una cosa de nada, apenas se le nota, pero lo suficiente
para que seáis iguales y nunca se pueda sentir ella superior ni
tú, acomplejado. Mi intuición me dice que formáis
una pareja encantadora. Sus padres y yo estamos encantados. Y no sabes
lo simpática que es. Con unos ojos preciosos. Se puede decir que
es una belleza. Justamente está ahí fuera esperando para
conocerte. Voy a llamarla. Prepárate. Pero no, no te pongas nervioso.
Te voy a dar un consejo para toda la vida: tú sé siempre
tú mismo en cualquier situación. Ella sabe que te coge por
sorpresa. No hace falta que te laves los dientes. Toma mi spray para el
mal aliento y ya está. Lo mejor es la naturalidad. Llamando. ¡Socorrito!
¡Socorrito! Entra... Ay, qué tonto. No oye. No te preocupes
que nos acostumbraremos. Voy a buscarla. Tú, sonríe. Nunca
te lo he dicho pero tienes una sonrisa preciosa, hijo, clavadita a la
de tu madre. Me parece estar viéndola a ella. Ay, Dolores, si ahora
pudieras estar aquí serías la más feliz de las madres.
ARCADIO sale. Entra. Detrás SOCORRO entra. Hijo, te presento a
Socorrito. A SOCORRO hablándola como a los sordos. Socorrito, te
presento a mi hijo. Daos la mano. ARCA y SOCORRO se dan la mano. Si se
ve. Estáis hechos el uno para el otro. Os vais a entender estupendamente.
Si no os podéis hablar ni os podéis oír, siempre
os podéis mirar a los ojos. Y cogeros de la mano. Anda, hijo, no
seas soso y haz algo, dile algo. Ay, perdona, ¿pero es que no voy
a aprender? Qué burro soy. Es la emoción. Perdona...
ARCA.- A SOCORRO. Mucho gusto.
ARCADIO.- ¡Cómo! ¿Pero, hijo...? ¿Pero qué
es esto...? ¿Te has dado cuenta...? Te ha salido voz. ¡Has
hablado, hijo! Un milagro. ¿O es que ha sido mi cabeza? ¿Estoy
alucinando...?
ARCA.- A SOCORRO. Mucho gusto.
ARCADIO.- No alucino. Es verdad. ¡Hablas! Un milagro. Hijo ponte
de rodillas. Démosle gracias a Dios. Mi hijo habla. ¿O eres
tú, Socorrito? ¿Tienes poderes?...
ARCA.- No te pongas pesado, Padre. A SOCORRO. Mucho gusto.
ARCADIO.- Tienes que hablarle un poco más alto.
ARCA.- A gritos. ¡Mucho gusto!
ARCADIO.- Mira, hijo, la verdad es que es completamente sorda. Perdona
que no te lo haya dicho antes. Una mentira piadosa. Es sorda de nacimiento,
pero eso sí, lee muy bien labios. Y ya vas a ver lo sexi que es
que te lean los labios. Hijo, tenía otras ofertas: por ejemplo,
una ciega. Pero yo pienso que es mejor una sorda. Es como menos. Dime
que he hecho bien, hijo. No es fácil acertar siempre para un padre
solo. Dime que te gusta. Conmigo no vale disimular. Yo sé que te
ha gustado. Os habéis hecho tilín. Soy un viejo lobo. Yo
también tuve mis amoríos..., por supuesto que antes de conocer
a tu madre. Podemos pensar en boda, aunque os tenéis que conocer
un poco mejor, descubrir vuestros gustos, ahorrar para un pisito... Vosotros
quedaos aquí que voy a contárselo a mis consuegros. Pero,
hijo, si hablas. ¿Y ahora qué les digo? Que de repente mi
hijo habla. No se lo van a creer. Van a pensar que soy un mentiroso o
un idiota. Hijo, ¿qué quieres...? ¿Estropearlo todo?
¿Por qué tienes que hablar justamente hoy? Estoy seguro
de que lo has hecho a propósito para molestarme. ¿Es que
me odias, hijo? ¿No te he dado siempre lo mejor que tengo? ¿Qué
he hecho mal? Llevo años preparando esta combinación para
tu felicidad. Desde que nació Socorrito. Y tú ahora me lo
tiras todo por el suelo, hablas...
ARCA.- Padre, te prometo que no volveré a hablar.
ARCADIO.- No, hijo, habla. Habla todo lo que quieras. Hablas. Es maravilloso.
Ya me acostumbraré. Y te puedes casar igual. ¿En qué
afecta? En nada. Le puedes susurrar palabras de amor al oído. Si
estoy encantado de que hables. Y tu madre también...
EXTRACTO 2:
ARCA.- Cuando las mujeres la siguen, la consiguen. Entre tener un hijo
o perder la mitad de mi fortuna me salía mucho más económico
tener el hijo. O sea que a los nueve meses, dos. Bueno, oficialmente,
como mi padre se arregló con la sordita, tuve un hijo y un hermano.
Y de repente todos se volvieron felices. Mi padre chocheaba feliz con
su hijo y su nieto. Las mujeres, que siempre se habían odiado,
en su nueva felicidad se hicieron íntimas. Salían juntas
con los niños...
JENNY.- Tu Arcadita tiene una peca ideal.
SOCORRO.- Pues mira que los ricitos de tu Kevinito. Son un sueño.
JENNY.- ¿Y los mofletitos de Arcadita?
SOCORRO.- Sí, pero un poco oscura. Me habría gustado más
rubita como Kevinito.
JENNY.- Pues los cambiamos.
SOCORRO.- Ay, sí, qué divertido. Un mes cada uno. Ven con
tu mami, Kevinito.
JENNY.- Calla, no te acostumbres a llamarle así que te va a oír
su padre y se enfurece. Dice que va a salir borracho. No sabes lo que
me costó convencerle para ponerle Kevin. Me encanta.
SOCORRO.- ¡Es que es un nombre precioso! No como Arcadia. El burro
de mi marido se empeñó en que en su familia siempre todos
se han llamado Arcadio y se iban a extinguir.
JENNY.- Arcadia suena muy bucólico.
SOCORRO.- ¿Tú crees? A mí me suena fatal... Arcadita.
Me da no sé qué en la tripa. Se me ha ocurrido una idea:
¿por qué no nos vamos a vivir todos juntos?...
ARCA.- Dicho y hecho. ¡Cómo no! Me tenían francamente
harto. Cuanto más felices los veía más aburrido estaba
yo. Volver a casa se me convertía en una pesadilla. Procuraba por
todas las excusas no pisarla. Y lo peor, los fines de semana o las vacaciones.
De susto. Nunca me he aburrido tanto. Me puse a trabajar como un bestia.
Decidí conquistar el mercado exterior. Empecé a hacer negocios
en el extranjero. Así tenía que viajar semanas enteras,
incluso meses. Evidentemente al poco tiempo había creado una multinacional
floreciente. Salía en todas las revistas de las fortunas más
grandes del mundo. Yo de siempre me había sentido muy orgulloso
cuando alguno de nuestros millonarios nacionales salían en esas
revistas. Me sentía muy patriótico. Lo confieso. Soy nacionalista.
Me acuerdo del día en que lloré cuando aquel año
sacaron a un compatriota de la lista de los 20 más ricos del mundo.
¡Y nuestro gobierno no hizo nada por nuestro multimillonario! Me
pareció una traición. No les volví a votar. Aquel
día me juré que yo le vengaría y haría que
la patria volviese a sentirse orgullosa. Y ahora bien que estaba representada
conmigo. Pero nadie me felicitó. Como siempre, el maldito problema
de la envidia. Nadie es profeta en su tierra. Justamente, en una de esas
brevísimas estancias mías de vacaciones con la familia en
mi casa de la playa ocurrió lo que tenía que ocurrir. Por
supuesto, mi padre y su familia se habían instalado definitivamente.
Mi padre siempre ha sido un gorrón. Ellos seguían tan fascinantes
como siempre...
ARCADIO.- A que sí, sí, sí. A que no, no, no. Be,
be, be. Mi, mi, mi...
JENNY.- ¡Cómo está Arcadita! Me la comería
con patatas.
SOCORRO.- Y qué me dices de tu Kevinito. Crudo me lo comía
yo. Ven aquí tú. Qué suerte has tenido de que sea
niño. Siempre quise tener un niño.
JENNY.- Yo en cambio siempre quise tener una niña.
SOCORRO.- Pues, nada, ya sabes, el año que viene una niña.
JENNY.- Yo quiero tener muchos niños. Como una coneja. Pero mi
Arca no quiere.
SOCORRO.- A mi tres me parece la cifra perfecta.
JENNY.- A ARCA. Cariño, dime que vamos a tener familia numerosa.
Anda, gatito, dime que sí.
ARCA.- Hoy he cocinado para vosotros.
JENNY.- Eso sí que es una sorpresa.
ARCA.- Soy tan feliz aquí, con vosotros, mi familia..., con mi
queridísima mujer...
ARCADIO.- Sabes, hijo, he descubierto a Jenny. Tiene grandes valores.
ARCA.- ¿Te refieres a las tetas?
JENNY.- ¡Arca, por favor!
ARCADIO.- No seas soez, hijo. No tiene gracia.
SOCORRO.- A ARCA. Sigue, creo que querías decir algo.
ARCA.- Sí, eso, que soy tan feliz con mi queridísima mujer,
con mi nueva madre, con mi admirado padre, con esos dos niños sanos,
gorditos, rubitos...
JENNY.- Arcadita es morena, querido.
ARCA.- Da igual rubitos o morenitos. Lo importante es que estamos juntos,
nos queremos, vamos a tener muchos más hijos...
ARCADIO.- No sigas, hijo. Ya sabes que soy un sentimental. Se me saltan
las lágrimas...
JENNY.- ¿Sí, cariño, muchos hijos?
ARCA.- ¿Cómo no iba a cocinar para vosotros, a quienes debo
toda esta felicidad?
SOCORRO.- Enhorabuena. Está exquisito.
JENNY.- Amor, me has emocionado. No sabía que cocinases tan deliciosamente.
ARCA.- Tenemos todavía tantos secretos por descubrirnos. El secreto
de una buena cocina está en la calidad de los ingredientes.
SOCORRO.- Y en la imaginación del cocinero. A ti no te falta.
JENNY.- A ARCA. A partir de ahora vas a cocinar tú siempre. Yo
soy malísima.
ARCADIO.- ¿Y qué es este plato tan rico?
ARCA.- Un cocinero que se precie nunca revela sus secretos.
JENNY.- Yo lo sé. Está clarísimo. Es cochinillo.
ARCADIO.- El mejor cochinillo del mundo es el que hacía mi padre,
el abuelo Arcadio, y no se parece. Apuesto a que es un corderillo lechal
muy tierno.
ARCA.- Frío, frío.
SOCORRO.- Este tipo de ternura es más de pollito o de alguna ave
exótica que te has traído de tus viajes.
ARCA.- Frío, frío.
JENNY.- Cariño, suéltalo ya. ¿No será conejo
o cualquier bicho de esos de cuatro patas? Sabes que los odio. Mira, prefiero
no saber lo que comemos.
ARCA.- Pues no os lo digo.
ARCADIO.- Yo sí quiero saberlo.
ARCA.- Es lechal, pero no de cordero. Es de humano, de bebé.
JENNY.- Ay, ya estás otra vez con tus bromas.
ARCA.- No es una broma.
JENNY.- ¡Ya! ¡No se hable más!
ARCA.- Os los he puesto como os gustan: poco hechos y con patatas.
SOCORRO.- A ARCA. Estamos en la mesa, por favor.
ARCA.- Es importante probar nuevos sabores.
JENNY.- ¡Me levanto y me voy! ¡Para ya!
ARCA.- No se hable más.
ARCADIO.- Por cierto, no se oye nada. Dónde están los niños.
Sale.
ARCA.- En vuestras tripas.
JENNY.- Está bien, me voy. Ya lo has conseguido. Estábamos
tan contentos pero hasta que no lo has estropeado...
SOCORRO.- A ARCA. Arca, ya, déjalo. No tiene gracia. A JENNY. Mujer,
no te vayas. Ya ha parado.
ARCADIO.- Entra. No encuentro a los niños.
SOCORRO.- Ya voy yo. Los hombres no servís para nada.
ARCADIO.- A SOCORRO. No me equivoqué. Soy muy feliz contigo.
JENNY.- No sé cómo os podéis poner a hacer carantoñas
sin saber dónde están los niños con todas las cosas
horribles que pasan hoy día en el mundo. ¿Visteis lo del
secuestro de aquellas dos niñas...?
SOCORRO.- Tranquila. Estarán en cualquier sitio.
ARCADIO.- Sigo buscándolos. Sale.
SOCORRO.- Recapitulemos. ¿Quién los ha visto por última
vez?
ARCA.- Yo.
SOCORRO.- ¿Dónde estaban?
ARCA.- En la cazuela.
JENNY.- ¡Otra vez! Te pones insoportable. No tienes límites.
ARCA.- Siempre he querido tener la experiencia de comer carne humana y
como los mayores debéis estar bastante duros, pues pensé
que lo mejor eran unos buenos bebés jugosos. Y veo que nos han
encantado a todos. ¿Alguien quiere repetir?
SOCORRO.- No tiene gracia, de verdad.
ARCA.- Efectivamente, gracia no tiene ninguna. En todo caso, grasa.
JENNY.- Se ha vuelto muy difícil hablar contigo. Sale.
ARCA.- A JENNY. Ya hablas como mi padre. ¿Tanto os queréis?
SOCORRO.- ¿Por qué te empeñas siempre en ser el aguafiestas?
ARCA.- Para quedarme a solas contigo.
SOCORRO.- Te has convertido en un mamarracho. Me das pena. Sale.
ARCA.- Así nos parecemos más.
Pausa. Voces. Gritos terribles.
VOZ DE JENNY.- Aquí, en la basura.
Gritos terribles.
JENNY.- Entra con las dos cabezas cortadas de los bebés. ¿Qué
has hecho?
ARCA.- Me pareció que tenían demasiado hueso para el ragú,
pero si queréis las usamos para hacer caldo. Seguro que le dan
mucho sabor.
JENNY.- Arrojándose histérica sobre ARCA. ¡Has matado
a tu hijo! Estás loco.
ARCA.- Apartándose. La verdad es que me encuentro perfectamente.
JENNY.- Eres un monstruo. He estado casada con un monstruo. Mostrando
una cabeza. ¡Es tu hijo!
ARCA.- Cariño, por fin vamos a pasar a la Historia.
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