Íñigo Ramírez de Haro

bio

Íñigo Ramírez de Haro piensa que la vida es larga, las más de las veces difícil y básicamente plural. El ser se dice de muchas maneras. La obsesión por el “uno” de nuestra cultura (los “monos”) le deja frío.

Educado en una familia tradicional y en una época siniestra de la Historia de España (fea, católica y sentimental), llega tarde a todas partes y su vida consiste en recuperar el tiempo perdido.

Ya en un test escolar a los 10 años le declaran retrasado mental. Por mucho que se ha esforzado en demostrar que tal vez el test estaba equivocado, a estas alturas de la vida no está nada seguro de si realmente los jesuitas tenían razón.

Antes de los 20 años no lee ningún libro que no sea de texto. Se hace Ingeniero Aeronáutico por aquello de que “o eres ingeniero o eres un fracasado” y porque le gusta ver volar a los pájaros. De los cuatro elementos famosos, el aire es el que más siempre le atrae. Tal vez para estar en las nubes.

Pero es curioso y siempre ha sospechado que hay más mundo por ahí fuera. Por eso se pone a estudiar también Filosofía y le acompañará toda su vida. Actualmente escribe su tesis doctoral: “La comedia contra la filosofía y el monoteísmo”.

Hace años, una empresa americana de alto copete le ofrece un contrato estupendo de ingeniero en Estados Unidos. La víspera de viajar ve en un periódico un anuncio de formación actoral, renuncia al viaje y se hace actor. Posiblemente porque estaba cansado de tanta cabeza y necesitaba más cuerpo. Así empieza una larga carrera teatral primero como actor y luego como director y dramaturgo a la que desgraciadamente sigue enganchado.

Cuando hace sus primeros pinitos hurgando el drama, que eso significa dramaturgo, descubre que no sólo apenas había leído sino peor aún, redactado. Es por lo que decide hacerse Filólogo, de nuevo tarde. Y aprende muchas cosas. Una lección de sus querido barrocos le marcará hasta hoy: que la vida es tragicomedia: Los momentos más solemnes, más serios, son los que producen mayores carcajadas.

Es en una gira teatral como actor por España cuando en una de las plazas, tras varias semanas de representaciones, el productor se queda con todos los ingresos y desaparece. Ante la cutrez endémica del medio teatral, decide estudiar unas oposiciones y se hace Diplomático, básicamente porque quería conocer mundo. Siempre le fascinó la antropología por aquello de que nada humano le es ajeno. Así resolvió el problema del paro, ciertamente importante en la vida, pero a día de hoy, aún no sabe si fue un acierto.

Como consecuencia del estreno de una obra de teatro, y por esa manía de meter el dedo en la llaga, le pegan en un teatro, le ponen más de 3.300 denuncias y le amenazan de muerte durante años. Este curso intensivo de hacerse hombre le ha convencido de que, por mucho que digan, el teatro está todavía muy vivo y es una poderosa arma para hacer temblar a la gente mientras se la entretiene. La ficción sigue siendo más real que cualquier realidad.

Se desayuna cada mañana asomándose a una ventana alta para ver si se tira. Por ahora no se ha tirado. Pero nunca se sabe…